Udaipur

O la armonía entre naturaleza y patrimonio

Destino

October 27, 2015

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udhaypur

 

Udaipur pone en entredicho la reputación de árido de Rajastán. La ciudad, orgullosa de su patrimonio, de su cultura y de su marco natural, no dejará de complacer al viajero, quien con poco esfuerzo podrá vivir diversas experiencias.

Udaipur es la ciudad más maravillosa, nunca me iré de ella», confía Nirmal Prajapat, un artista que también es propietario de un restaurante local. Es cierto, la ciudad posee un encanto propio. Construida en la región árida del oeste de Rajastán, Udaipur se impone como una excepción, con su abundante verdor y sus grandiosos lagos. Ofrece una combinación única entre patrimonio y naturaleza, un conjunto realzado de arte, cultura y hospitalidad. El casco antiguo embelesa por su dinamismo y su animación, y el lago Badi, situado en los alrededores de la ciudad, ayuda por su parte a sumergirse en un sueño poético y solitario. En definitiva, en Udaipur podemos vivir una serie de experiencias intensas a condición de invertir el tiempo suficiente en la estancia.

La ciudad blanca y sus habitantes han estado naturalmente dispuestos al turismo. Las orillas del lago más antiguo y más famoso, el Pichola, situado en el centro del casco antiguo, están salpicadas de hoteles, restaurantes y cafeterías. Los antiguos havelis han sido transformados y son ahora hoteles de lujo o albergues. La plaza del mercado tiene también un aire muy turístico. Al pasear por el centro del casco antiguo, podemos descubrir su rico patrimonio a través de su arquitectura y de los conjuntos artísticos. También podemos apreciar la tranquilidad del lago Pichola, que contrasta con la animación desbordante de la ciudad.

El casco antiguo a pie

En el siglo XVI, el rey de la región de Mewar, Maharana Udai Singh II, no se esperaba que una partida de caza le incitara a construir un palacio sobre las orillas del lago Pichola y a fundar la nueva capital de su reino. Según la leyenda, fue tras un encuentro con un ermitaño cuando el rey decidió transferir la capital de Chittorgardh a Udaipur. Rodeada por las colinas de Aravalli, Udaipur parecía más segura y mejor protegida que la antigua capital, situada a unos 115 kilómetros de distancia. La ciudad de Udaipur debe su nombre a su rey. Los cimientos del palacio fueron construidos en el mismo lugar en el que éste encontró al ermitaño, el Rai Angan (patio real), cerca del lago Pichola. El « palacio se ha agrandado con los añadidos y las ampliaciones de los sucesivos Maharanas, ilustrando así diferentes periodos arquitectónicos como el de Mewar o el de Mewar mogol.

 

Con el Palacio del lago en el centro, el lago Pichola está salpicado de diversos hoteles junto con el City Palace en su costa

Con el Palacio del lago en el centro, el lago Pichola está salpicado de diversos hoteles junto con el City Palace en su costa

 

Las galerías en el Complejo City Palace de Udaipur presentan al mundo la cultura del interior del palacio

Las galerías en el Complejo City Palace de Udaipur presentan al mundo la cultura del interior del palacio

La serie de palacios unidos en un complejo mira al este, de conformidad con la costumbre delicada a los Maharana o la dinastía del sol. El conjunto se expande por más de 224 metros de largo y 30,4 metros de alto. Con sus montañas al fondo y el lago Pichola bordeando toda la fachada opuesta, el complejo real y sus muros de un blanco brillante han sido a menudo comparados con las islas griegas, especialmente con Míkonos. Se trata de un espacio residencial, hoy ocupado por el descendiente de la dinastía Mewar y su familia.

El rey actual, Shreeji Arvind Mewar, se presenta como el guardián de la deidad Eklingji. Tienen como misión proteger la herencia dejada por sus ancestros y perpetuar las costumbres y tradiciones observadas desde siempre en el seno del palacio. A través de su visión y su herencia, ha abierto progresivamente al mundo la vida tal y como se desarrollará en el interior del palacio. También se ha convertido una parte del complejo en hoteles para poder acoger a los viajeros con la fastuosidad y la rica hospitalidad que son el orgullo de Rajastán. Las galerías abiertas al público no sólo muestran las historias del pasado, sino que también permiten preservarlas. Los tesoros del palacio son abundantes. La galería de cristal, por ejemplo, encierra numerosos cubiertos, copas, botellas de perfume e incluso muebles tallados. Se trata de una colección de cristal encargada en 1877 por el rey de entonces, el Maharana Sajian Singh (1874-1884), a la empresa F&C Osler con sede en Birmingham. La galería también contiene la única cama del mundo creada por completo con cristal. Varios jharokhas (balcones suspendidos) del palacio dan directamente al lago Pichola. Desde allí, también podemos divisar el Palacio del lago y el Jag Mandir, dos antiguas casas de retiro estivales del rey construidas en el centro de la cuenca. Jag Mandir, construida por tres Maharanas sucesivos entre el siglo XVI y el siglo XVII, sirvió también como refugio para el mogol Shah Jahan cuando se rebeló contra su padre, el rey Jahangir. Hoy es un destino muy buscado para las bodas de alto copete.

Mientras que el visitante ordinario podrá apreciar sin problemas el marco romántico de Jag Mandir mientras se tomaba un café o disfruta de una comida, habrá que, sin embargo, registrarse en la recepción del Jag Niwas, o palacio de largo, hoy propiedad del grupo hotelero Taj, para acceder. El magnífico palacio, del que se dice que fue construido según los planes del Taj Mahal de Agra, sigue siendo prohibitivo para los habitantes locales. Es posible divisar los interiores en la película de James Bond Octopussy (1983), pues algunas escenas se rodaron en el propio edificio. Es, sin embargo, lamentable, que los propios indios no tengan acceso a su propio patrimonio.

Aparte del Palacio, la ciudad entera despliega tesoros arquitectónicos. Las estrechas callejuelas rebosan de havelis, en otro tiempo habitados por los subordinados del rey, quienes los transmitieron a sus familias de generación en generación. Cuando la ciudad fue construida hace 5 mil años, los guerreros y habitantes de la corte fueron los primeros en sitiar la nueva capital y los alrededores del palacio. Los brahmanes, los baniyas, los rajputs y los shudras, es decir, las diferentes castas de la India, tomaron posesión de los diferentes barrios de la ciudad. Las castas más altas se instalaron en los lugares más seguros y de más fácil acceso. La construcción de estos havelis se hizo en función de las necesidades y ocupaciones de las diferentes comunidades. Aunque algunas de estas residencias siguen siendo privadas, la mayoría han sido transformadas en hoteles o restaurantes.

Las calles acogen también a los artesanos tradicionales de la ciudad. En Kalash Marg, por ejemplo, se encuentran los especialistas de los jarros en bronce. La mayoría de los puestos de aquí alardean de tener más de 100 años de antigüedad. Sin embargo, con el crecimiento de la industria del acero, la artesanía se ve amenazada. La mayor parte del tiempo, los clientes son habitantes de los pueblos que vienen para comprar utensilios como regalo de boda. Al final, las calles van a dar al bazar. Aunque no hay nada como un paseo matinal sin cláxones ni bullicio, la animación del mercado unas horas más tarde es una experiencia que hay que vivir. Podemos encontrar allí mismo productos de piel como bolsos y agendas, saris bandhej coloridos y tejidos célebres de Rajastán, así como joyas de plata. Las calles también ofrecen una multitud de galerías que proponen miniaturas y pinturas contemporáneas de artistas locales. Los propietarios del lugar se prestan sin problemas a la conversación para compartir sus conocimientos sobre el arte y su historia, sin presionar con ello a que compremos sus obras.

Cuando cae el sol, los lagos y las colinas de los alrededores envuelven a la ciudad con una suave belleza. Los ghats a lo largo del lago Pichola y las orillas de Fatesagar se llenan rápidamente. Del otro lado de las orillas, numerosos restaurantes proponen mesas en las que cenar con una vista inexpugnable del lago y el palacio. El City Palace, iluminado en el interior, desvela cada detalle de sus fachadas. La brisa fresca que llega desde el lago y la vista del palacio reflejándose en el centro de esta extensión de agua recuerdan un poco a la romántica Venecia.

Un patrimonio natural

El lago Pichola fue el primero de los cinco lagos artificiales en cavarse en la ciudad. Un tal Pichchu Banjara fue el instigador en el siglo XIV, pues deseaba responder a las necesidades de agua de los habitantes. Esta reserva acuática también debía servir para regar las tierras. El estanque sin pretensiones fue entonces agrandado por el Maharana Udai Singh. Los otros lagos, como el Jaisamand, el segundo lago artificial más grande de Asia, fueron construidos por los sucesivos reyes de la época de los Mewar. Estos lagos también son conocidos por albergar más de 500 especies naturales. El invierno es la mejor temporada para observar las aves migratorias.

Aportan una vida extraordinaria a los pantanos y a las praderas de los alrededores. Las colinas de Udaipur son, de hecho, terrenos inigualables para el senderismo. Mientras que la fortaleza de Kumalgarh, situada a 82 kilómetros al noroeste de la ciudad, y los templos en lo alto son etapas clásicas, los operadores turísticos proponen también otras experiencias más atípicas y personalizadas.


 

Cómo llegar

Cómo llegar

Cómo llegar

Por avión: El aeropuerto Maharana Pratap tiene conexiones con todas las metrópolis indias.
En tren: Udaipur está situada en el corazón de una amplia red ferroviaria que la une con todas las grandes metrópolis del país.
En coche o en autobús: Existen autocares que unen Udaipur con la mayoría de los grandes destinos. Información: Agra se encuentra a 630 kilómetros, Ahmedaban a 262 kilómetros, Jaipur a 406 kilómetros, Jodhpur a 275 kilómetros y Mont Abu a 185 kilómetros.

Dónde dormir
Udaipur ofrece un amplio abanico de hoteles de todas las categorías, de los más lujosos a los más modestos.

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