Los cristianos de Santo Tomás

Espiritualidad

News - Destino la India

January 20, 2018

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Destino la India

Enero-Febrero 2018

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Viajamos a Kerala, en el sur, para descubrir una comunidad que tiene sus orígenes en los primeros días del cristianismo.

Una iglesia blanca destaca en el horizonte; un minibús se adentra en el tráfico con un grupo de monjas ocupadas mirando por las ventanas; una gigantesca estatua de Cristo, con los brazos abiertos, domina una escuela a la que se dirigen estudiantes uniformados. Estacionados uno detrás del otro, los rickshaws, rivalizando con las pegatinas decorativas que representan a la Virgen María, esperan a sus pasajeros.

A lo largo de las carreteras, enormes vallas publicitarias anuncian un día de fiesta en homenaje a Anthony the Great (San Antonio), mientras un sacerdote vestido con un abrigo blanco y un curioso bonete negro nos adelanta en scooter. Tan pronto como salimos de la estación de Kottayam, una pequeña ciudad en el centro de Kerala, estas imágenes tienen algo que nos atrae. Aquí nos encontramos en el corazón del territorio cristiano, en un país donde por lo general se encuentran templos decorados con la efigie de los dioses hindúes. Algo que sorprende aún más es que, por lo visto, estos creyentes son descendientes de cristianos presentes en la India desde los primeros siglos de nuestra era. De hecho, aquí se enorgullecen de reclamar una filiación con el apóstol Tomás, que habría llegado a la tierra india para evangelizar el país. Por lo tanto, los cristianos de Santo Tomás se establecieron en Kerala mucho antes de la llegada de los portugueses, la primera potencia colonial europea en establecerse en la India. Entonces ¿cómo evolucionó este viejo grupo, que todavía hoy reivindica 10 millones de seguidores en India, a través de la historia? ¿Cuál es su forma de vida? ¿Y cuáles son los problemas a los que se enfrenta la comunidad hoy en día?

Una historia de influencias

Llegamos frente al edificio de ladrillo rojo del Instituto Ecuménico de Investigación San Efrén (SEERI), un centro de estudio abierto hace 30 años y se ha convertido en un actor importante en la gestión del patrimonio siriaco en la India. Un hombre pequeño y alegre con una barba entrecana, el padre Ranju, nos explica con gran paciencia la turbulenta historia de su comunidad. Y es que si bien los cristianos siriacos de hoy forman una familia un tanto dividida, su memoria colectiva se remonta a Santo Tomás.

De este modo, la tradición de los cristianos de Kerala transmite que el apóstol de Cristo habría llegado por mar y habría desembarcado en Muziris en la costa de Malabar (cerca de Kochi hoy) en el 52 d. C., para experimentar finalmente el martirio en Mylapore (cerca de Chennai) donde se encontraría su tumba. De hecho, la Doctrina de los Apóstoles, escrita en Edesa alrededor del año 250, testifica que Tomás fue el apóstol de la India. Además, en la Crónica de Seert, está escrito que e obispo de Basora, David, se fue alrededor del 295-300 a la India para evangelizar. Así pues, los primeros cristianos de la India, de la Iglesia de Malabar, estaban en contacto con los de la Iglesia de Persia.

Desde los primeros siglos, los cristianos de Kerala, ligados a la Iglesia de Oriente, dependieron sucesivamente del patriarca de Babilonia y del de Antioquía, para volver en su mayoría al patriarca nestoriano de Babilonia a partir del siglo XIV. Esto explica por qué, incluso hoy en día, la liturgia se recita según dos variantes (occidental y oriental) del mismo idioma: el siríaco, un dialecto del arameo, la lengua que habla Cristo. «Heredamos esta fe cristiana traída por Santo Tomás, cuyo idioma es el arameo, y también de obispos que vinieron de Edesa (sudeste de Turquía) o de Basora y Bagdad (Irak)», detalla el padre Ranju.

A principios del siglo XVI surge el trauma cuando estos cristianos de orígenes tan antiguos se encuentran con los católicos latinos y portugueses. La Iglesia de Roma se apresura a imponer su visión del cristianismo a estos primeros cristianos, los cuales, según ellos, se adhieren a las tesis que el Concilio de Éfeso de 431 consideraba heréticas. En 1599, el arzobispo de Goa, Aleixo de Meneses, organiza el sínodo de Diamper para reformar los ritos de los cristianos siriacos y cortar sus vínculos con la Iglesia de Oriente. Una parte de los cristianos siriacos jura así lealtad al Papa y se ve atribuido un obispo de rito latino. Este es el origen de la actual iglesia católica siriaco-malabar,que seguirá experimentando cambios, y de hecho volverá más tarde al idioma siriaco. Sin embargo, decepcionados por las exigencias de Roma, privados de su autonomía estructural y afectados por la destrucción sistemática de sus antiguos manuscritos litúrgicos, algunos de los cristianos siriacos son impulsados a la revuelta. Se enfrentan el 3 de enero de 1653, al pie de la cruz de Coonen, en Kochi, donde juran no permanecer bajo la obediencia de los portugueses y de Roma. Seis meses después, el archidiácono Mar Thoma es elegido por la imposición de las manos de doce sacerdotes. Una elección reconocida por el patriarca jacobita de Antioquía que legitima así a la Iglesia sirojacobita del Malabar (o Iglesia siria ortodoxa de la India). Además, la llegada de los holandeses, que los liberaron de los portugueses a partir de1661, fue muy bien recibida por este nuevo grupo de cristianos sirios. Sin embargo, esta iglesia también experimentará muchos cismas debido al deseo de algunos de convertirse en una iglesia autocéfala, es decir, independiente del patriarcado sirio ortodoxo de Antioquía. Finalmente, la llegada de los británicos a fines del siglo XVIII aumentó de forma significativa el peso de la presencia protestante, la cual también buscaba influenciar a los creyentes en la región.

Así, surgida de una tradición apostólica distinta de la de Pedro, esta Iglesia siriaca, que experimentó una cristianización mucho antes que la de Europa, vio sin embargo cómo su organización se transformaba por la llegada de los europeos y las nuevas formas de cristianismo. Hoy, estos cristianos sirios constituyen una familia dividida en ocho grupos distintos. «Son grupos separados del mismo origen», nos recuerda el padre Ranju.

Una doble identidad

Si bien estos grupos prestan lealtad a iglesias diferentes, localmente es muy difícil distinguirlos. Solo los diferencian las ropas litúrgicas únicas usadas por sus sacerdotes. Algo aún más sorprendente es que, a pesar de sus subdivisiones, incluso hoy en día siguen siendo un grupo separado, contado como tal por los censos indios. Aunque sus tradiciones teológicas, su lengua litúrgica y creencias los llevan a otros mundos, su vida diaria es la de la sociedad local, un mundo hindú en el que comparten las costumbres y el lenguaje y en el que ocupan todavía un lugar privilegiado.

Según los relatos de los portugueses, a su llegada a la India los cristianos sirios ya eran parte integral de la sociedad de Kerala, es decir, que se habían insertado en el sistema de castas que obedece a la ideología social brahmánica. «Somos ante todo indios», dice el padre Ranju. Según él, los cristianos sirios son convertidos de castas altas (la de los sacerdotes hindúes, llamados brahmanes Nambudiris en Kerala y la de los famosos guerreros Nayars). Desde el principio, sus relaciones con Oriente Medio permiten a este grupo de cristianos desempeñar un importante papel socioeconómico. Las diversas dinastías locales les otorgan derechos honoríficos como ser dueño de un elefante o tener guardaespaldas. Con terratenientes, ricos comerciantes (que cultivan especias y comercian con los árabes) y excepcionales guerreros, esta comunidad disfruta de una potencia económica a la altura de su estatus en la sociedad de Kerala. Hoy en día todavía forman una comunidad próspera con una posición predominante en la economía de las plantaciones (especialmente la del caucho y la pimienta), la educación, los negocios y el periodismo.

Debido a su integración, sus ritos religiosos están marcados por las costumbres locales. En las bodas, por ejemplo, se siguen ciertos rituales hindúes: el novio ata al cuello de la novia un minnu, una especie de joya de oro alargada que los cristianos cristianizan dándole una forma de cruz. Del mismo modo, se celebra el primer mes del bebé o su primer bocado de comida sólida, como entre los hindúes. La fiesta más importante no es ni la Navidad ni la Pascua, sino la del santo patrón, al que se le dedican varios días. Se llevan a cabo peregrinaciones y en los pueblos participan todos los habitantes (el poder del Santo no se detiene en las barreras confesionales). La fiesta da lugar a una larga procesión, acompañada de música, sombrillas de colores y bailarines, idénticos a los que se encuentran en las fiestas de los templos hindúes.

En todas las iglesias, como en los templos, una lámpara de aceite de bronce (nilavilakou) sobre un pedestal, o suspendida del techo permanece siempre encendida. Cuando los fieles entran a la iglesia, sumergen la punta del dedo corazón en este aceite para hacer la señal de la cruz mientras se quitan los zapatos. Aquí o allá,en las fachadas de las iglesias, elefantes o pavos reales se mezclan con antiguas cruces persas.

La identidad de estos cristianos sirios se define, pues, mediante dos polos: el apego a una Iglesia y la pertenencia a un grupo considerado como una casta, es decir, una comunidad endogámica a la que uno pertenece por nacimiento y en la cual se queda hasta la muerte, casándose y criando a los hijos en ella. Esta concepción también explica por qué los cristianos sirios nunca han practicado el proselitismo. Una actitud que les ha permitido, a lo largo de los siglos, llevar una coexistencia pacífica con otras comunidades pero también, quizás, una forma de preservar su estatus sin tener que integrar a miembros de otras castas, considerados inferiores. De hecho, para el padre Ranju: «Nadie puede cambiar su familia biológica, pero cada grupo tiene el deber de ayudar a los demás. Nuestra comunidad ha construido muchas escuelas, centros de formación profesional, orfanatos y clínicas que están abiertas a todos, sin importar la religión o casta. Un hecho innegable, ya que según una encuesta realizada por la publicación Iglesias de Asia, el 12% de los estudiantes y el 15% de los indios pasa por las escuelas y centros de salud dirigidos por el 2,3% de los cristianos del país.

El padre Ranju sigue confiando en el futuro: «Nuestra Iglesia es muy activa. Los domingos, las iglesias están llenas, los niños van a catecismo y tenemos muchos clubes para los jóvenes que se interesan por la música o las obras de caridad». Es cierto que los cristianos de Santo Tomás son famosos en Kerala por su espíritu comunitario y gran hermandad. Sin embargo, nuestro interlocutor comenta que los fieles abandonan la región con más frecuencia que antes. A menudo altamente educados, constituyen un porcentaje significativo de la diáspora de Kerala, presente en el norte de la India, Oriente Medio, Europa y especialmente en Estados Unidos. «Después de dos generaciones, nos damos cuenta de que los niños se olvidan de nuestras tradiciones. Ya no hablan nuestro idioma y no quieren volver a vivir aquí». Una gran amenaza para la renovación de un grupo que ha sobrevivido durante siglos en este pequeño territorio del sur de la India.

 

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